BioTMR, FRECUENCIAS Y ADN.

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En TMR trabajamos con 12 frecuencias y un tono neutro.  El tono neutro lo es porque engloba todas las frecuencias armónicamente al mismo tiempo. Se trata de una convolución (una onda mayor cuyo ciclo engloba otros).

Todo es frecuencia, es decir, repetición o ciclos de una vibración en un trayecto o espacio-tiempo. Y los movimientos planetarios no son una excepción.
Podemos entender que todo lo que existe tiene una vibración y que ésta define la existencia misma. Desde este punto de vista, todo está vivo, pues todo «vibra» de una forma propia.
Son 12 los arquetipos básicos con los que trabaja la astrología, el lenguaje chamánico o simbólico y el del inconsciente.
Son 12 las constelaciones en la elíptica orbital de nuestro sistema solar. En los últimos miles de años se ha añadido Ofiuco, el centro de la galaxia, que se podría relacionar con el tono 13 o neutro.
Una vez más, son 12, 10 planetas y dos luminarias (Sol y Luna) los puntos básicos de nuestro sistema solar.
También son 12 hebras dobles las que tiene nuestro ADN, aunque se reconozcan sólo dos. ¿Es todo esto casualidad?
En BioTMR hemos descubierto una relación entre los 12 tonos de las frecuencias emocionales (por debajo de los 20 Hz) y los arquetipos básicos que utiliza el inconsciente para comunicarse con nosotros. Así, podemos apoyar el trabajo interno de desprogramación del cliente que viene a nosotros a través de algo tan sutil y agradable como la música emocional.
Las emociones, incluidas las humanas, son sonidos no audibles, pero sí percibidas a otros niveles muy importantes a través de los receptores AMPA.
La Tierra emite su propia «vibración» conocida como resonancias Schuman y, dentro de ellas hay frecuencias muy importantes, que activan nuestros propios procesos emocionales, por sincronización.
Hay infinitas TMR, grados, o desequilibrios de las frecuencias que se emiten y reciben, tantas como seres, y otras tantas formas de afinarlas.
 Por ejemplo, si la recepción de las frecuencias de la Tierra (Madre arquetípica) se desarmoniza en nosotros, fallará nuestra motivación. Si el desequilibrio se produce en las frecuencias recibidas del Sol (Padre arquetípico) de las que nos llegan las que vienen en nuestra «dirección» no hay dirección en nuestra vida, nos será difícil decidirnos o elegir.
En TMR hay dos tonos que sirven de base o acompañamiento del resto, como en el lenguaje arquetípico, Padre y Madre, que forman la polaridad principal.
Integrar la Madre es dejar de motivarnos por lo externo. Integrar al Padre es dejar de decidir por otros.
En ambos casos se trata de buscar nuestra esencia, nuestra propia forma de resonar.
Tener ambos integrados es trascender la polaridad,  «centrarnos», porque, cuando somos coherentes con lo que estamos sintiendo dentro, la creación es nuestra, no de otros, la culpa se disipa y el sacrificio también.
Merece la pena el reto ¿no te parece?