AMOR, RELACIONES, PROGRAMAS DE PROYECCIÓN.

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Si algo hemos aprendido en Bio-TMR es que los árboles genealógicos familiares son espejos. El árbol de mamá contiene los programas arquetípicos de papá y, al revés.

Un programa es un desequilibrio, una visión de dolor emocional que deja huella para crear otras similares, como una planta que deja bulbos para el año siguiente, y los sucesivos… así los programas dejan en nosotros y nuestros descendientes memoria inconsciente.

Una frecuencia es una onda por tiempo, un movimiento de subida y bajada respecto del centro, un «descentramiento». Da igual que sea arriba o abajo, la separación del centro -de igual magnitud- es lo que importa, por eso, da igual si un programa es un descentramiento en positivo o en negativo. Vivir un trauma o vivir para superar el trauma, es algo similar. Sobre todo si el trauma es una ilusión, no es real, es un programa. Le damos poder nosotros mismos atendiéndolo o pretendiendo curar lo que no es nada.

Así, un programa, como ya hemos venido refiriendo, se expresa en una conducta extrema, o en su contraria. Un maltratador siempre buscará en una relación personal a un sumiso, y un sumiso a un maltratador, en otro caso, no podrían expresar ninguno de ellos: pagar la culpa siendo sumiso en el caso del programa maltratador, o, vengarse por los maltratos recibidos, en caso de un progama de dolor emocional heredado, por sumisión.

Así, muchas relaciones de pareja y amistad lo que hacen es expresar los patrones inconscientes de intento de sanación emocional y nos sentimos atraídos por aquellos que expresan la polaridad opuesta de nuestro programa. A ésto, en ocasiones, le llamamos, enamoramiento, aunque, realmente es un enganche emocional.

Normalmente, en la pareja buscamos nuestro espejo-opuesto y en ocasiones, con las amistades buscamos sentirnos identificados en la misma postura, pero no siempre es así, a veces es al revés, o, en unos comportamientos somos opuestos y en otros, similares.

Por ejemplo, una persona cuya generosidad excesiva le trae connotaciones negativas a su vida, se sentirá atraído por una pareja tacaña, excesivamente ahorrativa, un extrovertido excesivo por un introvertido, el que es un adicto a los talleres de conciencia, por el que no quiere saber nada del tema espiritual.

Es común que «niños emocionales» busquen a «madres de los demás, menos de ellos mismos»,  la lista es tan amplia como el comportamiento humano. Pero siempre hablamos de patrones arquetípicos inconscientes.

Un hombre, por ejemplo, puede ser muy independiente, varonil e incluso, dominante, pero dentro puede esconder a un niño en busca de una mamá y, como niño, no sabe apoyar a su pareja emocionalmente, puesto que él mismo busca aún a la mamá que no le supo transmitir el cariño de forma plena.

En este contexto pasamos por situaciones de mucha carga y dolor emocional, sufriendo siempre por el «otro», sin darnos cuenta que ese otro es nuestro espejo y que tiene justo las cualidades que a nosotros nos faltan y que, con ellas, nos equilibraríamos.

Nos empeñamos en cambiar al otro, sin darnos cuenta que hasta Dios respeta el libre albedrío y a quien únicamente podemos cambiar es a nosotros mismos, tomando la sabiduría de lo que la relación dolorosa nos quiere decir y siendo coherentes con ello.

Una vez transmutado el programa, si la relación sólo se mantiene por la proyección, ésta perderá el interés, incluso, la perspectiva de la persona y/o las circunstancias cambiarán radicalmente hasta deshacer el dolor de cualquier modo, y, no hicimos nada, o, lo hicimos todo: cambiarnos a nosotros mismos.

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